Fanfiction | MdT: A.M.

Fanfiction | MdT: A.M.

NOTA: A.M. nació en enero de 2016 como idea de fanfic El Ministerio del Tiempo que funcionase como spin-off. Inicialmente se trataba de un cómic y la primera versión del escrito tenía forma de guion. Ahora la he adaptado a un formato más legible, aunque algunos de los giros funcionarían mucho mejor visualmente. Se incluyen algunos elementos creados por Marcos Muñoz para sus fanfics, que podrían tener más peso de continuar la historia. Pero me cuesta ir más allá del arranque…

***

Era casi mediodía. En el despacho de Salvador la patrulla titular repasaba su próxima misión ante el subsecretario, flanqueado por Ernesto e Irene.

Esperamos que su misión se desarrolle con éxito. El destino de España depende de ello… Y Julián, trate de no romper el continuo espacio-tiempo esta vez.

No puedo prometer nada —sonrió mientras se levantaba para dirigirse, junto a Alonso y Pacino, al exterior del despacho.

Fuera, al lado de la mesa de Angustias, se cruzaron con dos hombres esperaban con cierto nerviosismo. Dentro, Salvador cerró la carpeta con el expediente de la misión asignada y lo dejó a un lado.

—¿Qué tenemos ahora, Ernesto?

—Son las 12, tiene una cita con A.M. para su primera asignación —respondió el jefe de operaciones.

—Que Dios nos pille confesaos —musitó Salvador.

—Los “Deímas” insisten en que es el momento de probarlos sobre el terreno —comentó Irene.

Salvador descolgó el teléfono asintiendo ligeramente con la cabeza.

—Angustias, ¿Han llegado ya los agentes de… A.M.? —Preguntó por el auricular.

—Han llegado dos —respondió la secretaría mientras miraba a los dos hombres por encima de sus gafas. El más joven se encogió de hombros. 

—Que pasen —ordenó el jefe tras una breve pausa.

Los dos compartían cierto aire familiar. El mayor rondaba los 50 años y lucía pelo y barba canosos, gafas de montura metálica algo pasadas de moda y una gabardina desgastada a juego con su cara cansada. El otro debe de estar en la treintena. Camina derecho y seguro de sí mismo. Perfectamente peinado y afeitado, pelo castaño, camisa blanca sin apenas arrugas y pantalones chinos. Ambos se aproximan a la mesa de Salvador y el mayor se deja caer con pesadez sobre el asiento.

—Buenos días.

—Buenos, buenos… ¿y su compañero? —inquirió el jefe.

—Le recogeremos de camino, estamos trabajando en su puntualidad —contestó el mayor desde el sillón.

—Espero que no tarde 10 años… 

El comentario de Salvador hizo que se le escapara una risa burlona al más joven. Tras lanzarle una mirada grave, el subsecretario prosiguió.

—Con todo, tendrán que viajar a la época de su compañero, bueno al año siguiente en realidad. Para comprobar una noticia sobre la muerte de Ana Torroja.

—¿La de Mecano? —preguntó el joven—. Me suena, ¿no resultó ser una noticia falsa?

—Sí y no. El 11 de junio de 1982 su muerte abrió el Telediario. No tardó demasiado en desmentirse y lo atribuyeron a una estrategia publicitaria. Aunque el disgusto de la pobre fue enorme, llegó a casa y le estaban esperando todos sus familiares y amigos llorando… Hasta las hermanas Hurtado, las del Un, Dos, Tres… Vamos, un circo. El caso es que hemos recibido una alerta, el desmentido no se ha registrado. Tendrán que ir a investigarlo.

El mayor de los dos tipos se incorporó en la silla y aclaró la voz antes de hablar.

—Con el debido respeto, señor Martí. Pero, ¿no cree que una primera misión en los 80 para investigar a una cantante pop en un tanto pobre? Somos expertos en Historia, podría enviarnos a cualquier punto y haríamos un estupendo trabajo, se lo aseguro. Pero por los pasillos ya empiezan a reírse y decir que lo de A.M. viene de Asuntos Menores… Y me temo que esto no va ha hacer más que reforzarlo.

—Oh, no hay misión menor, señor Maldonado. Y creemos que este es el escenario perfecto para probar las capacidades de su equipo —le tranquilizó el subsecretario con media sonrisa—. Además, entre usted y sus compañeros han vivido más eventos de la historia reciente de este país que la familia Alcántara. Confío en ustedes.

Salvador le acerca una carpeta con la información de la misión y espera en silencio a que abandonen su despacho.

—Irene, hágame el favor de adelantarse a 1982 mientras se reúnen y echar un ojo por si necesitan ayuda.

—¿Los 80? Será un placer, jefe.

***

Ambos abandonaron el despacho de Salvador u se dirigieron hacia el pasillo de las puertas, en silencio. Poco después estaban en su primer destino, Madrid 1981, frente a la puerta de su compañero. El más joven de los dos se acercó al timbre y llamó insistentemente.

—¿Qué apuestas? ¿Nervios o resaca? —dijo sonriendo.

El mayor se limitó a esperar, sin responder. La puerta se abrió inmediatamente. Al otro lado un joven barbilampiño, cabizbajo y melenudo levantó la cabeza y abrió mucho los ojos. Le seguía costando creer quienes eran sus compañeros de equipo.

Vistos los tres juntos el parecido resultaba innegable. Era como ver pasar 30 años en un instante. Tras las gafas y la barba del más mayor se podían imaginar los rasgo que dejaban ver los dos más jóvenes. Juntos, si no prestamos muchísima atención, parecían simplemente una familia: padre, hijo y tío. Pero algunos detalles de su fisonomía eran demasiado específicos. Eran la misma persona en tres momentos diferentes de su vida.

Llevaban varios meses trabajando juntos, haciendo pruebas en los sótanos del Ministerio. Su nombre era Antón Maldonado. A los Deímas, el departamento de i+D del Ministerio, les había parecido muy divertido usar sus iniciales para nombrar el proyecto, aunque sostenían que las siglas pertenecían a la denominación “Agente Múltiple”, pero habían tenido que buscarse la vida para llamarse entre ellos y no responder todos a la vez. El más joven respondía al nombre de Junior, aunque le sonaba a cantante pasado de moda, el mayor (y primero en llegar al Ministerio) dejaba que le llamaran Primo con cierta reticencia y el mediano, bueno, Mediano funcionaba bien.

Primo había llegado al último y principal Ministerio tras los atentados de Atocha, de los que había sido rescatado mientras ayudaba como podía a otras víctimas. Conservaba los 48 años que había cumplido aquél 2011 y seguía sin poder asimilar del todo lo ocurrido. Ni lo que había pasado después. Tras un tiempo trabajando en Archivos conoció a la jefa de i+D y sus compañeros que, tras conocer su historia, le hablaron de un proyecto experimental en el que habían estado trabajando. Se trataba de “rescatar” a una misma persona de diferentes puntos de su línea temporal, y cuando Salvador volvió a reclutar a una versión anterior de Lola Mendieta tuvieron la excusa perfecta para probar sus teorías. Habían calculado que manteniendo una distancia de al menos 12 años y haciendo volver a su tiempo periódicamente a las iteraciones pasadas de esa persona, las distintas versiones podían convivir de manera estable y sin producir paradojas. La parte complicada era sincronizar a esas personas, para ello convenía que estas hubieran vivido una vida lo más sencilla posible. Los pequeños cambios en su línea temporal se podían arreglar, el tiempo tiende a curarse a sí mismo, pero no podían permitir que las modificaciones que estos hicieran en su pasado acabarán con cosas importantes. Resultaba demasiado traumático para el sujeto del experimento.

Antón siempre se había considerado una persona solitaria. Había tenido relaciones esporádicas, pero ninguna terminaba de cuajar. Además, su carrera como profesor había ocupado la mayor parte de su vida adulta. Junto al equipo de desarrollo calculó que la extracción se podía realizar en periodos de 15 años, trayendo a sus “yos” de 1996 y 1981. El primero se encontraba como profesor adjunto en una universidad. El más joven acababa de comenzar sus estudios y todavía no tenía demasiada preocupación por los mismos. Tras el shock inicial de verse a sí mismo repetido, las pruebas resultaron prometedoras. Y al fin estaban a punto de realizar su primera misión.

Precedidos de Primo, quien se apresuraba en dar las claves de la misión a su yo más joven, salieron de la casa y se dirigieron por la calle del Oso hacia un bar contiguo a la plaza de Cascorro, muy cerca de donde se encontraba en esos momentos la sede del Ministerio. Desde allí debían volver a 2019 para luego viajar de nuevo al pasado para su asignación. Era engorroso, pero resultaba mejor que esperar a que 1982 llegase de forma natural en unos meses. 

Doblaron la calle para subir por Embajadores, pero al pasar frente a la parroquia de San Millán y San Cayetano, alguien que había permanecido a la sombra de la iglesia empezó a seguirles de forma poco disimulada. Al notar su presencia avanzaron acelerando el paso, intentando llegar cuanto antes a la plaza. Lamentablemente, un camión del butano bloqueaba la calle más arriba, justo antes de donde esta se vuelve más ancha al pasar junto al teatro Pavón, que permanecía en obras.

El tipo que les perseguía introdujo una mano en su chaqueta de cuero y extrajo una pistola. Al ver bloqueado su paso, Primo trató de hablar con su asaltante pero este apretó el gatillo sin darle oportunidad.

En ese mismo momento, Mediano saltó sin pensarlo hacía Junior, empujándolo. La bala pasó rozando el brazo del más joven, junto al codo. Primo, que también había sentido el instinto de apartar a Junior del disparo, comenzó a perseguir al autor del disparo que se perdió calle abajo en dirección al Rastro. Incluso entre semana, las inmediaciones de Ribera de Curtidores estaban demasiado transitadas como para alcanzarle con facilidad, así que volvió jadeante hacia donde se encontraban sus versiones más jóvenes. Deshaciéndose de su gabardina.

Junior permanecía tirado en el suelo, con Mediano rodeándolo. La bala había rasgado la manga de su sudadera, que ya lucía empapada de sangre. Primo sacó un pañuelo de tela del bolsillo y se lo ofreció a mediano. 

—Aplica presión con esto, creo que ya sabes cómo. 

—¿Qué…? ¿Qué ha… pasado? —Preguntó Junior a Mediano, entre quejidos.

—No lo sé bien. Al ver el arma he sentido que tenía que saltar hacia ti. Es como si lo hubiera recordado. —Le respondió dubitativo Mediano. 

—Tranquilo, vas a ponerte bien. —Añadió Primo intentando sonreír, aunque su sonrisa era más bien una mueca.

—¿Cómo puedes estar tan seguro? —Inquirió de nuevo Junior.

Primo se le acercó, soltó el puño izquierdo de la camisa, se remangó y le mostró una pequeña cicatriz plateada sobre junto al codo. Justo donde Junior sangraba.

—La misión tendrá que esperar. —Añadió el mayor. —Hay que volver al Ministerio.

***

One Comment

Marcos Muñoz Vera
junio 26, 2020 1:18 am

El título «El problema de los tres cuerpos» ahora cobra un nuevo sentido, jaja. Muy buena idea: ¡al Listín!

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